jueves, 2 de julio de 2009

Honduras, hoy como ayer, su lucha es la nuestra

Lo de Honduras muestra por enésima vez la unidad nacional de todos los países americanos.
El todo está en la parte y la parte en el todo. Cada país latinoamericano contiene un ADN que lo une a la carne de los pueblos de estas tierras. Y lo une irremediablemente al futuro de sus hermanos de historia.
Todos hemos compartido el mismo camino.
Masacraron a nuestros pueblos originarios simultáneamente en todos los rincones de la patria grande, nos independizamos, no solo al mismo tiempo, sino también juntos y en unidad y cooperación, sufrimos las mismas guerras civiles, fuimos dominados y divididos por las mismas oligarquías vende patria y vimos el resurgir del espíritu de los pueblos también al mismo momento, mientras luchamos todos al mismo tiempo con los mismos imperios que nos quisieron oprimir.
El hermano país de Honduras cuya bandera representa “La unión centroamericana”, demuestra lo dolorosa que ha sido la desmembración de nuestra América. Incluso, esta bandera fue aprobada para las Provincias Unidas de Centroamérica años después de la adopción de la misma bandera por las Provincias Unidas del Sur que teníamos el mismo pabellón “nacional”. Y mas nacional sabiendo que en hechos de esta envergadura las coincidencias en nombre y símbolos patrios son mas bien difíciles.
Siempre supimos que éramos la misma gente pero los negocios de unos pocos pesaron, para mal de todo el pueblo, más que las añoranzas de los libertadores de nuestra América.
Las sub burguesías de estos territorios (Sub porque son subordinadas a sus madres de las potencias de turno) se veían urgidas por la avidez de sus monederos, por lo que no soportaban unirse con sus competidores en la explotación de las riquezas y el trabajo servil del pueblo.
Por ese motivo, pronto empezaron a guerrearse y mandaban a morir a los hombres trabajadores y a las familias mas humildes a los campos de batalla mas infames. Y el ejemplo mas vergonzoso quizás sea la guerra de la triple alianza.
Tenemos la guerra del chaco, la guerra del pacifico, ¡La guerra del futbol!, Perú con Ecuador, y otras tantas.
¡Hasta hace poco en Argentina la estrategia militar estaba centrada en los posibles ataques de los países hermanos! Argentina y Brasil competían hasta en la carrera por la bomba nuclear en los 70´ y 80´. Y así mil altercados inexplicables entre nosotros mismos, que debiéramos haber estado juntos luchando contra los perversos ricachones del norte.
Pero no, los intereses de las oligarquías zánganas lograron ponerse por encima de la hermandad para enseñar en las escuelas la sabiduría europea, en desmedro de la cultura nacional, no solo subordinada sino también negada, enseñaron el odio a los hermanos latinoamericanos, y el amor a un estado que solo representaba el amor al dinero de unos pocos.
Los pueblos de hoy ya están más confiados en su propia capacidad. Incluso dirigen a sus propios líderes a seguir sus imperativos libertarios. Como sucedió con Zelaya mismo.
Lo de Honduras demuestra cada día, por sus modos y características, que esta en la misma lucha que estas tierras del Río de la Plata.
Como hubiera dicho antes de ayer, hoy “El espíritu latinoamericano se mueve”.

Según Pigna la bandera centroamericana tiene su origen en viajes del corsario argentino Bouchard que libró varias batallas en aquellas tierras en favor de los independentistas.
"En las islas Hawai, Bouchard se entrevistó con el rey Kamehameha y firmó un tratado haciéndole reconocer la Independencia Argentina, proclamada por el Congreso de Tucumán. El rey hawaiano gobernaba las islas hacía treinta años y los viajeros lo llamaban el Napoleón de la Polinesia. Había logrado formar una confederación de las islas hawaianas con capital en Karakakowa. Kamehameha le proveyó a Bouchard 100 marinos y le devolvió la goleta Chacabuco, capturada por sus hombres. La flota compuesta ahora por franceses argentinos y hawaianos, puso proa a California, y llegó a su capital, Monterrey, el 22 de julio de 1818. Tras duros combates, logró tomar el fuerte y hace flamear la bandera de Belgrano por seis días en California. Tras el ataque a Monterrey, las tropas de Bouchard arrasaron la misión de San Juan, Santa Bárbara y otros poblados españoles de alta y baja California. El 25 de enero de 1819, bloqueó el puerto de San Blas y atacó Acapulco de México. En Guatemala destruyó Sonsonate y capturó bergantines españoles. En Nicaragua, tomó Realejo, el principal puerto español en los mares de Sur, y se apoderó de cuatro buques españoles. Bajó hacia el Perú siguió hostigando las posiciones españolas sobre el Pacífico. Las naves de Bouchard llegaron el 9 de julio de 1819 al puerto de Valparaíso, justo a tiempo para integrarse a la flota que San Martín preparaba para tomar Lima." Fuente: Biografía de Bouchard en El Historiador

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Nuestra oportunidad histórica

Se ve llegando al fin el hecho sin precedentes de la independencia latinoamericana, pues al fin seremos dueños de nuestra propia secundariedad, curados ante el tiempo próximo de toda afección aquileica y una hibris en las entrañas capaz de lograr en la humanidad un renacer sin precedentes que se hace necesario con urgencia ante el hedor de la podredumbre del geriátrico europeo donde los siglos de vanguardia han llegado manifiestamente a su fin. Ante la filosofía senil de la decadente civilización occidental se levanta el espíritu plenamente subjetivo y carnal de las tierras del sur. Miren la fortaleza de nuestros lazos interpersonales, observen el amor que aquí se profesa; No hay como aquí; Gentes hermosas, llenas de esperanzas, que precian sus vidas al punto de no comprender cosas del tipo “somos la nada en el mundo”, “nada tiene sentido”, pues aquí la salud y la juventud rebasan el alma. No tenemos aquí altísimos índices de suicidios, tenemos nuestra gente a la que amamos, y solo por ellos tiene sentido apagar nuestras vidas; Su individualismo, su sociedad disociada, fácilmente sucumbirá a la primera de nuestras embestidas, y hasta nos lo agradecerán.