lunes, 29 de junio de 2009

Reflexión sobre un 28 de Junio

La situación hondureña presenta un desafío muy importante para medir la fortaleza que hoy tiene la conciencia y la unión latinoamericana.
Un golpe militar derrocó al gobierno del presidente latinoamericanista Zelaya, lo cual ha llevado a los demás países a tomar posiciones, en lo cual, el grueso ha coincidido en condenar.
El Mercosur también expreso su rechazo:
"Los presidentes de la región del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) coincidimos en una firme postura de condena a cualquier evento que ponga en riesgo el orden constitucional y la voluntad manifestada por el pueblo hondureño en elecciones libres".
Nos llamará la atención la excusa del golpe, y me refiero a que acusan al presidente de polarizar y dividir a la sociedad, o sea lo mismo que a Morales, Correa, Chávez, Ortega, y tantos otros presidentes latinoamericanos.
Esta expresión de la lucha de clases, particularísima de nuestra región, esta en plena disputa y lo que se ha presentado aquí no es una derrota, sino mas bien un nuevo desafío.
Muy importante es recordar que a diferencia de otros países del mundo, los de este sector del globo están divididos en sectores irreconciliables, y las oposiciones son sea del lado que sean, totalmente destructivas. Y esto por esta característica fundamental de esta sociedad, que es la polarización más alta venida de las más amplias diferencias entre ricos y pobres del mundo.
Los ricos no compartirían por nada del mundo las que llaman sus riquezas, y los pobres necesitan lo fundamental para la vida, por lo cual cuando están fielmente representados, no pueden ceder demasiado.
Creo que lo de Honduras es una gran prueba del post del viernes, y la derrota del oficialismo en Argentina es prueba de una carencia popular de conciencia sobre la nueva época latinoamericana dada en ciertos lugares, así como una falta de tacto de los dirigentes a la hora de la diplomacia.
Claro que se les podría echar legítimamente la culpa de todo a los otros (Los medios, el dinero de la campaña opositora, las mentiras prometidas por los opositores, etc.), pero lo mejor en las malas es adjudicarse toda la responsabilidad. Porque así dejamos todo en nuestras manos y ya no en la buena o mala fortuna del destino.
Y hay muchas cosas que mejorar en la estrategia nacional y popular. La culpa es solo del oficialismo, porque no se puede pretender que la oposición ceda terreno por la bondad divina.
La confrontación que venimos diciendo si bien es inevitable, puede suavizarse un poco para la supervivencia. Se pude por ejemplo, así como se cede con la minería, quitar la retención a los pequeños productores que no arrienden sus campos, con todo el dolor que eso significa, pero hay que sobrevivir en el mundo real y no en el de la utopia. Se debe ir haciendo en la medida de lo posible.
Lo de Pino en capital es una noticia que mejora un poco el panorama, esperando que no se ponga desde el congreso a exigir la revolución ya, porque ahí si seria como tirarse por el precipicio apropósito. Lamentablemente habrá que bajar un poco. Y eso no es traición al proyecto. Es realismo, es bajar la velocidad porque el camino esta en mal estado.
Los representantes elegidos simbolizan la gradualidad del estado del espíritu de los pueblos, y no podemos pretender una cosa para un pueblo que aun no esta a la altura, y eso depende de la concientización que se impulse desde el gobierno de turno y su gente.
Latinoamerica esta en una lucha, y no en una recta llana hacia la felicidad.
Una lucha, una lucha, una lucha, y no una recta llana hacia la felicidad.
A la historia la hacemos nosotros, y podemos ganar y perder.
Eso es lo que le da sentido de lucha a la lucha.
Y lo que hace grandes a las causas de la humanidad.

1 comentario:

De vierde man dijo...

Me gusta que usted diga eso. La vida no es un lecho de rosas (lugar común si los hay), pero para conseguir cosas hay que pelear contra poderes, y es verdad, depende de nosotros. No estamos muertos.

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Nuestra oportunidad histórica

Se ve llegando al fin el hecho sin precedentes de la independencia latinoamericana, pues al fin seremos dueños de nuestra propia secundariedad, curados ante el tiempo próximo de toda afección aquileica y una hibris en las entrañas capaz de lograr en la humanidad un renacer sin precedentes que se hace necesario con urgencia ante el hedor de la podredumbre del geriátrico europeo donde los siglos de vanguardia han llegado manifiestamente a su fin. Ante la filosofía senil de la decadente civilización occidental se levanta el espíritu plenamente subjetivo y carnal de las tierras del sur. Miren la fortaleza de nuestros lazos interpersonales, observen el amor que aquí se profesa; No hay como aquí; Gentes hermosas, llenas de esperanzas, que precian sus vidas al punto de no comprender cosas del tipo “somos la nada en el mundo”, “nada tiene sentido”, pues aquí la salud y la juventud rebasan el alma. No tenemos aquí altísimos índices de suicidios, tenemos nuestra gente a la que amamos, y solo por ellos tiene sentido apagar nuestras vidas; Su individualismo, su sociedad disociada, fácilmente sucumbirá a la primera de nuestras embestidas, y hasta nos lo agradecerán.